"No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección,
a llevar una vida que no sea digna de ser narrada." - Charles Warnke.
No, no puedo resignarme, aunque lo he intentado. No puedo fingir ser alguien que no soy, con necesidades totalmente distintas a las mías, eso es imposible. No puedo tomarle de la mano y tan solo conformarme con cosas que no me llenan el alma, no puedo. No es que pretenda ser feliz, nunca lo he sido y sé que no lo voy a ser, pero al menos creo que podría conformarme con alguien que entienda mis tristezas. Quiero volver a leer, volver a pasar tardes con la niebla y tomar algún té que me caliente las manos por algunos segundos. Deseo a alguien con quien pueda escuchar lentamente muchos acordes sin decir absolutamente nada, que solo nos miremos, que no nos atrevamos a interrumpir la atmósfera que crea la música de fondo, así como también disfrutemos de respiraciones agitadas dentro del volumen fuerte que causa lo estridente, pero hermoso. Simplemente no puedo resignarme a vivir una vida que jamás quise ni querré porque yo no soy como todos. Yo no me voy a contentar con existencias tan simples y vacías. No quiero a alguien que analice todo de forma tan fría, quiero a alguien que sienta igual que yo, que pueda comprenderme. Una persona que no calle porque no sepa qué decirme cuando estoy triste, si no que se mantenga en silencio porque sabe exactamente como se siente ese vacío por dentro, ese que no te deja respirar. No deseo a alguien con quien me sienta plenamente feliz, esas cosas no existen, no duran. Yo deseo a alguien con quien comparta mis tardes, frías o cálidas, y no tema de ser yo misma, que no me guarde nada porque sé que esa persona va a valorar las cosas de la manera en que yo lo hago. Quisiera romper en llanto frente a tal persona, derribar absolutamente todas mis barreras, pero construir una alrededor de nosotros, porque los dos entendemos cuán frío es el mundo.
